Pagar con libertades
La queja desaforada de Miguel Ríos me hace volver a repetir el tema. A la sociedad le interesa que se produzca arte, también que haya calles y carreteras. En ambos casos se necesita de los “productores”, artistas y constructores. Para que ambos existan se debe buscar incentivos y asegurar que ganan dinero en la producción de esos bienes.
En el caso de la construcción es bastante sencillo y probado: pagamos directamente con dinero. Se saca un concurso. Los constructores presentas sus ofertas –así aseguramos que ganan dinero– y el estado elige la más barata –aseguramos que cogemos la mejor oferta– y paga con el dinero de toda la sociedad.
¿Pero cómo hacemos con los artistas y “industria de la información” que son bienes no materiales y “libres” por naturaleza? Todavía no hemos encontrado un método de intercambio de dinero –aunque se están pensando y proponiendo– después de un concurso.
Lo hacemos de otra forma: cedemos libertades para facilitarles el negocio. Eso es exactamente lo que definen las leyes de copyright, y las patentes: a qué renuncia la sociedad para para ceder a los productores de arte. Desde la invención de la imprenta hasta nuestros días hemos ido cediendo cada vez más libertades. Los artistas como Miguel Ríos reclaman que cedamos más libertades, cuando ellos no han dejado de ganarlas en los últimos 80 años –hasta el cambio de acústico a eléctrico en 1920 tenían muy pocas, muchos menos que ahora, no podían vender “discos”, sólo actuar en directo con poca audiencia y cobrar por horas–.
El problema fundamental es ¿hasta cuando? ¿hemos superado el balance adecuado o todavía debemos ceder más? ¿estas últimas o futuras cesiones favorecen la creación y divulgación de cultura o la empobrece ? ¿sale beneficiada toda la sociedad o sólo unos pocos?.
En realidad los más graves no es lo anterior, sino que la mayoría de responsables políticos perdieron esta idea del balance entre la producción intelectual y libertades que cede la sociedad. Lo demuestran con la propuesta de la nueva ley de propiedad intelectual en España, y las patentes de software en Europa.
Sólo un apunte: en la licitación de obras por parte de la administración, es muy raro coger la más barata; de hecho se suele eliminar del concurso (junto con la más alta). Cuando un constructor presenta su oferta, casi nunca suele ganar dinero con ésta, pero espera poder realizar modificaciones en el transcurso de la obra que le aseguren por lo menos lo que está perdiendo, u obtener otras obras en adelante gracias a ese trabajo que sí dejen ganancias. Si todas están mintiendo, qué no harán los que presentan la más barata…
Un saludo
Comment by Loro — Monday 30/5/2005 @ 17:13
Si no se coge la más barata será por razones técnicas (u otras que no son “limpias”, pero es otro tema).
En cuanto a que no ganan dinero, es mentira. Sí que dejan dinero, aún así las “modificaciones” también son “obras” que se llaman por concurso, ergo, tienes una contradicción.
Comment by gallir — Monday 30/5/2005 @ 17:22
Cuando digo modificaciones no me refiero a obras, sino a “Sr. de la Administración, aunque el pliego que nos ha pasado el proyectista dice a, mejor que hagamos b”, siendo b más barato que a, y por tanto aportando los beneficios. El tema es conseguir convencer a la Administración de los cambios que me permitan hacer dinero. Si sé que la obra me va a costar 100 millones, y yo le ofrezco a la Administración 90, de alguna manera he de intentar cambiar el proyecto para conseguir algo que cumpla lo previsto en cuanto a funcionalidad pero cueste 90. En la construcción, existen varios tipos de proyectos, pero el que ofrece la oficina de cálculos no es el último (y algunas obras varían mucho hasta su finalización, porque han encontrado problemas como terrenos inestables donde no se pensaba… o que en una comida de lujo, a la que han invitado al Ingeniero de la Administración, le han conseguido hacer cambiar de opinión tras emborracharlo suficientemente)(es triste pero es así, y ya lo he visto muchas veces). Ergo no existe tal contradicción, pues no se trata de una modificación sobre una obra ya hecha, sino del proceso de construcción de la misma, con lo cual no está sometida a nuevo concurso, sino que es una situación lógica del desarrollo de la misma.
En cuanto a negarsela al más barato, la Administración no es tonta y sabe lo que cuesta la obra y que la empresa va a intentar sacar dinero cambiando el proyecto. Cuanto más rebaje en su oferta, mayor recorte intentará. Por eso muchas veces, como en muchos estudios estadísticos, se quitan la más barata y la más cara y se decide con el resto. Además, el dinero no es el único factor limitante, se consideran otros como la experiencia de la empresa en ese tipo de obra, la maquinaria de que dispone una empresa para hacerlo, solvencia para que la obra no se quede a medio hacer…
Un ejemplo de modificación es que si una estructura tiene un coeficiente de seguridad de 2 según el proyecto (el coeficiente de seguridad es la relación entre el máximo esfuerzo que puede soportar y el máximo esfuerzo que se prevé que tenga que soportar en su vida útil), se puede bajar a 1,8 reduciendo el coste de los materiales empleados, el tiempo de obra…
Comment by Loro — Monday 30/5/2005 @ 18:43