El verdadero cuarto poder
“Se acerca el día que los usuarios móviles experimentaran la nirvana, publicidad móvil ligada a tu comportamiento individual, qué estás haciendo y dónde estás” dice Linda Barrabee, analista wireless e investigadora del Yankee Gropu.
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Breve: ¿quién querría que su teléfono móvil se convirtieses en una “mini máquina de publicidad”. Y, ¿por qué a un periodista de BusinessWeek se le ocurriría pensar que a alguien le interesara eso?
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La razón fundamental por la que no dejamos de recibir estas entusiastas e interminables historias preparadas por los Dioses de la Publicidad es que la publicidad paga el salario de los escritores. No hay una “Muralla China” entre la publicidad y los editores. Podría parecer que existe, pero no. Persiguen el dinero.
– Doc Searls en Go from hell.
Los lectores de periódicos y revistas españolas lo sabemos muy bien. Por eso no veremos noticias o análisis críticos a grandes anunciantes –El Cortes Inglés entre los principales– o por qué periódicos “serios” llegan a publicar enormes libelos y se quedan tan tranquilos.
Si al final será vox populi que si de verdad existe una “crisis del periodismo” no será por culpa de Internet o los medios digitales, sino porque quizás se perdió el mínimo sentido de la ética profesional y la información rigurosa… a pesar que se autobombean con que son el “cuarto poder”.
Nos lo hemos creído durante mucho tiempo, sin darnos cuenta que en posiblememte el cuarto poder son los grandes anunciantes. O sea, los grandes capitales y/o grandes empresas.
Pero lo mejor –para mi gusto– que por sabido no está mal recordarlo:
Historias de luchas financieras son mucho más interesantes que historias de ordinarios programadores construyendo nuevos mundos por muy poco, o nada, de dinero, así el resto de nosotros (incluyendo los programadores) podemos ganar más dinero en esos mundos. Sin las herramientas libres y todo el material de construcción provisto por esos programadores no tendríamos Google, ni Facebook, ni Amazon, ni eBay. Porque no habría Apache, ni RSS, ni memcached, ni Lucene. Tampoco Internet.
